En otros mundos


Qué bonita es la vida. Qué bonito es el mundo. Qué bonito es disfrutarlo hasta el último segundo.
Cuando se extingue la llama del tiempo de una persona, sólo sus recuerdos quedan.
Y hay que abrazarlos, quererlos, hacerlos nuestros...
porque son pedacitos del alma de alguien que decidió compartirlos con nosotros.
De alguien que nos dejó su alegría, su entusiasmo, sus sueños.
De alguien que tuvo a todas las personas del planeta frente a él pero decidió vernos a nosotros.
De alguien que ahora reparte sus pedacitos en otros mundos, en otros tiempos.

Imagen: James Marvin Phelps en Flickr

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