El tiempo del joven mecánico


/ Historia apta para todo público / 

La maestra de historia escribe en el pizarrón las instrucciones de la siguiente actividad. Mañana tendremos que hacer una línea del tiempo sobre los acontecimientos que sucedieron de 1905 a 1910. Deberemos construirla con pedazos de cartulina colgados en un listón que extenderemos a lo largo del salón. La profesora hará equipos, y cada equipo creará la línea del tiempo del mismo período. Dicho de otra manera, cada equipo hará lo mismo, pero muy a su estilo. Dicho de una forma todavía más drástica: la próxima clase consistirá en dos horas seguidas de muchachos desinteresados exponiendo exactamente lo mismo porque, aunque sea repetitivo, mi maestra cree que aprenderemos de esa forma por tratarse de una dinámica «creativa». Creativas mis lonjas.

Mientras la mujer escribe, yo permanezco en mi butaca que debería ser blanca, pero tiene toda la pintura desprendida y asoma el óxido del metal, el cual mancha mi uniforme cada vez que me levanto. A mi derecha, Sandra cubre su celular con un libro y desliza su dedo revisando su Instagram. Atrás de mí, Ernesto bosteza haciendo que me invada todo su olor a marihuana mezclada con un pobre intento de ocultarla con mentas. A mi izquierda, Pedro y su grupo de amigos ríen por haberle pegado una nota en la espalda a Josué sin que él se diera cuenta. La nota dice «soy joto», porque claro, para el grupo de Pedro ser homosexual es algo de lo cual es válido reírse. Sus desarrollados cerebros creen que eso no es natural ni correcto, pero también creen que está bien ponerse a hablar de lo «buena» que está Sandra, o de los «chupes» que se van a tomar saliendo de clases.

En mi pupitre, observo mi libro de historia. En sus orillas, sobresalen diversas calcomanías que he pegado en los bordes de todas las páginas en las que he encontrado errores ortográficos. No las voy a contar, pero sí diré que son más de las que me gustaría que fueran.

En mi mente, está todo menos la clase en la que estoy. Pienso en que pronto terminará y podré escapar, pero… ¿a dónde? La biblioteca es tranquila. Los alumnos nunca van porque a nadie le interesa leer, pero tampoco es muy cómoda. Las sillas y las mesas están viejas y descuidadas, y ya leí los únicos tres libros interesantes que existen en ese lugar. Los otros cien son ejemplares viejos, de esos que regala el ministerio educativo y que no están diseñados para jóvenes de nuestra edad, pero que nos obsequian sólo para decir que promueven la lectura.

Podría ir a sentarme a algún rincón durante el recreo, a leer el libro que traigo en mi mochila y que sí me interesa. Sin embargo, estar ahí involucraría escuchar todo lo que sucede en los pasillos y en las canchas, lo cual no es muy interesante. El otro día me decidí por esta opción, y tuve que soportar enriquecedoras pláticas sobre cuántos likes tuvo la foto de alguien en Facebook, además de presenciar cómo algunos chicos organizaban «retas» de básquetbol, rechazando a Josué en sus equipos con el argumento de que «eso es cosa de hombres», porque aquí la masculinidad es cosa de orgullo.

Recuerdo que hoy me traje mis audífonos, y compruebo que están en mi mochila. Ya está. Problema resuelto. Me iré a las bancas de la esquina del patio, y escucharé jazz sin que nadie me moleste… pero eso será hasta que este intento de clase termine.

Y no, no exactamente en cuanto termine, porque después de esta, todavía hay otra clase que precede al recreo: mecánica. Sí, leyeron bien: mecánica. Y está un poco mejor que la otra alternativa que hay en esta escuela: electricidad. Cuando me inscribieron aquí, descubrí que era obligatorio tomar un taller especializante, y que esas dos eran las únicas opciones disponibles. «Hay que desarrollar habilidades», dijo el director cuando lo cuestioné al respecto. Y lo entiendo. Yo sé que la inmensa mayoría de estudiantes de este lugar terminará dedicándose a algo práctico, y que muchos de ellos finalizarán la secundaria y ya no seguirán con su educación. Tanto la escuela como el gobierno saben eso e intentan dar herramientas a todas esas personas para que tengan algo en qué trabajar en un futuro.

Está bien, qué bonito. Pero ¿y yo qué? ¿Qué hay de las personas que sí queremos estudiar y que tenemos otro tipo de intereses? Es importante aprender habilidades y oficios, pero ¿y lo demás? ¿No es importante promover la lectura? ¿Aprender cuestiones de impuestos? ¿Crear talleres artísticos? ¿Por qué condicionan a toda la población escolar a aprender oficios, en lugar de ofrecerles otros talleres que les hagan saber que existen mil opciones diferentes? ¿No se les ocurre que quizá, haciendo eso, muchos de ellos podrían descubrir que tienen talento para las artes, o los deportes, o la danza? ¿No piensan en que si descubren eso podrían considerar salirse del camino de los oficios para perseguir algo más grande?

Yo le dije a mis papás que no quería entrar a esta escuela. Sé que su situación económica no es muy buena, pero yo me ofrecí a trabajar medio tiempo para apoyarlos y poder pagar el colegio que yo quería, y así evitar estar en esta escuela que está dentro de un pueblo peligroso y que no me gusta. Aquel colegio no es muy costoso y ofrece talleres de música y artes. Además, revisé su oferta educativa y es excelente. Realmente invierten en la educación y en volver autodidactas a sus estudiantes. Yo ahí hubiera sido muy feliz, aunque eso involucrara pasar cuatro horas al día embolsando las compras de las personas en un supermercado, o atendiendo el mostrador de una tienda mal organizada… pero no. En palabras de mi mamá, «un joven debe dedicarse a estudiar y punto». Y ahora que estoy en esta escuela y nunca tengo nada que hacer, porque las tareas son demasiado fáciles, mi madre se queja de que «pierdo demasiado el tiempo», porque para ella escribir canciones o pintar en óleo es perder el tiempo.

Sé que debo agradecer la oportunidad que tengo de estudiar. Sé que hay muchas personas de mi edad que no tienen esta posibilidad y que desearían poder hacerlo. Estoy consciente de eso… ¡pero caray! No me ahogo en un vaso de agua. Yo tengo en mi mente la manera en la que me gustaría vivir mi vida, pero no puedo. Ofrezco soluciones, pero no me dejan hacerlas. Pienso en alternativas, pero dependo de alguien para realizarlas, y ese alguien no piensa igual que yo y, por ende, no me apoya.

Sé que algún día todo cambiará. Sé que dentro de tres meses me graduaré y me iré de este lugar… a una preparatoria igual de mala que esta a la que tendré que entrar porque es la que mi mamá quiere. Y ahí estaré otros tres años, tolerando situaciones parecidas a las que tolero aquí, además de algunas nuevas que de seguro encontraré. Pero después de eso, finalmente, seré mayor de edad, y al graduarme del bachillerato yo podré elegir la licenciatura que yo quiera, y la universidad que yo quiera, y voy a ir por ellas sin importar a qué ciudad deba mudarme. Me voy a ir de mi casa, y voy a rentar un departamento en el lugar que decida, y voy a trabajar para poder estudiar lo que a mí me gusta. Y en mi tiempo libre, seguiré componiendo canciones y seguiré pintando sin tener que preocuparme por esconder mis creaciones cada vez que escuche pasos acercándose.

Sólo falta un poco más de tres años… pero el día llegará. Todas las fechas llegan. Todos los plazos se cumplen. Algún día podré hacerlo…

Mientras tanto, debo preparar una línea del tiempo para exponer, en la próxima clase, exactamente lo mismo que mis cuarenta compañeros. Y después de eso, tengo que ir a reparar el motor de un auto. Nos vemos después.
Imagen: glassghost en Flickr

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1 comentario:

  1. Hola!
    Esta vez evitaré decir lo mucho que me gusto y li bien que escribes porque sabes que siempre lo hago y lo seguiré haciendo, así que vamos directo a las críticas mujajaja.
    Me gustó mucho cómo insertaste la historia dentro de un marco temporal tan corto sobre todo por el hecho de que es tan cierto que en unos cuantos minutos de una clase aburrida pase por nuestra cabeza toda una vida.
    La historia es muy buena y la verdad sí me identifiqué un poco con el personaje (aunque en mi secundaria sí había taller de artes y era feliz xD).
    Sabes, esta vez seré un poco más minucioso así que agarrate xD: el final del párrafo 9 me pareció un poco débil, mmm no sé, ese "por ende no me apoya" podría haber tenido un poco más de fuerza.
    Aunque, la enumeración final del siguiente párrafo fue muy buena, le da toda la fuerza e intensidad a la historia además de que logra ese remate al final.
    No me quedó muy clara la última frase, claramente va dirigida hacia su voz interior o algo así pero me parece raro que alguien se despida de su voz interior xD.
    Y pues ya, es muy bonita y genial (y ahí disculpa el comentario tamaño testamento xD).

    Saludos.

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