Cabrona - Capítulo 1: La paletería


/ Historia recomendada para mayores de 16 años / 

/ Esta historia contiene lenguaje explícito /  

Me terminé de poner los tacones, cuidando que no se me fuera a caer la piedrería que me había puesto la Juana en las uñas un día antes. Me vi en el espejo, y no es por nada, pero con ese pantalón atigrado que llevaba, el negocio de allá atrás se veía con un muy buen volumen.

Salí de la casa, y no ma… Harta calor que estaba haciendo. Ahí andaba con mi paraguas, como pendejita, caminando bajo el solazo. Qué ganas de que el paraguas me hubiera subido al cielo como la Merri Popins y que así hubiera llegado más rápido a recoger a mi escuincla de la primaria… pero nel, ¿qué esperanzas?

No, no… yo ya no aguantaba. Me estaba sudando hasta lo que no suda. Llegué a comprarme un agua fresca ahí, con esta… Ay, ¿cómo se llama? La tipa esta, la gorda… la nieta de Doña Encarnación, la que se metió con el carnicero… ¡Mary! Sí, llegué por un agua con la Mary.

—¿Qué hay, Mary? Ay, mira… tú siempre te ves tan bonita, tan fresca… Ya muchas diéramos brincos por parecernos un poquito a ti.
—Ay, Carmen… ¡Favor que me haces! ¿Qué tal la calor?
—De la chingada. Nomás en lo que me seco después de bañarme ya estoy sudando. ¿’Tonces pa’ qué jijos me baño?
—Pos es lo que yo digo…
—Pos sí. Oyes, bueno, dame un agua de ciruela de la mediana, pero que esté bien helada. Échale hartos hielitos.
—Ya está.
—No, Mary… ¿Sabes qué? Me estoy asando. Mejor que el agua sea grande, pero cóbramela como mediana, ¿no? Es que sino no me va a alcanzar para las tortillas.
—¿Cómo crees? Ni madres… La vez pasada me cachó el patrón, y yo ya no quiero problemas…
—Ay, ándale, no seas mamona… Tú aquí vas a estar con tu ventiladorcito. Yo ahorita voy hasta la primaria, con este sol y caminando con los taconazos…
—No, Carmen. Yo ya no arriesgo mi pellejo. Necesito la chamba.
—Ah, ¿no me la vas a dar?
—Ya te dije que no.
—Pues chinga tu madre.
—Pues chinga la tuya. Y son quince pesos del agua.

Pinche Mary… no quiso jalar. Aparte de estar bien culera, resultó sangrona. Pero a mí nadie me gana. Cuando me iba saliendo, vi que la Mary ya se había sentado a ver la novela, y aproveché para desconectarle el refri donde tenía las paletas heladas. Le estaba dando el mero sol al cristal del refri, así que deslicé la puerta para que entrara directo. Ni cuenta se dio.

Me salí de la paletería, y seguí caminando. Iba por la banqueta, claro… N’ombre, imagínense si fuera por el empedrado, con estos zapatos… sí me la parto bien bonito.

Me acabé el agua bien rápido y tiré el vaso de unicel en una bolsita de basura que estaba por ahí. Ya estaba como a dos cuadras de la escuela, pero tenía que llegar a hacer mi parada obligatoria en la casa del Neto.

Toqué la puerta… y nada. No me abrían. Pensé que no había nadie, pero le toqué con más injundia hasta que me abrió.

—Ey, mi Carmen… ve nomás qué chula te me pusiste hoy.
—No nomás hoy, cabrón. Yo diario estoy chula. ¿Y tú por qué chingados no abres? Aquí me tienes de pendeja rompiendo la puerta.
—Ah, perdón, Carmencita… no te oía. Andaba allá al fondo acabando de arreglarme.
—Ámonos… ¿y se puede saber a dónde vas?
—A una junta con el patrón. Dizque hay unos asuntos de la chamba que urge que veamos. Ni entendí bien, pero tengo que ir.
—Ora, pues… Ve, pero me la debes, ¿eh?
—Oh… ¿qué pasó? Si ya tú sabes que aquí me tienes siempre.

Me fui de su casa. Una junta… mis huevos, o más bien los suyos. A mí no me hace taruga. Yo sabía que no había ninguna pinche junta y que más bien se iba a ir con la Susana por ahí. Pinche Susana, la traigo asentada, pero dejen que la encuentre sola… Ah, pero mas sin en cambio, yo salí más lista: antes de irme, le planté sus pinches besotes al Neto. Al rato que la piruja aquella le diera un beso y le supieran los labios a frambuesa, sabría que yo había estado ahí primero. Ay, no… qué risión.

Ya me faltaba una calle nomás para llegar a la primaria, pero llegué a la tiendita de un viejo que está por ahí, por mi cigarrito.

—Buenas tardes, don Chuy. Ya vine por mi dosis diaria.

El viejo duró horas buscando la cajetilla, y me dio mi cigarro, después de preguntarme si era el que yo había pedido. No veía nada. Ni siquiera vio el billete falso con el que le pagué, uno de esos con los que mi escuincla jugaba con las hijas de doña Soco. Yo sé que está mal… pero ni me aflige. La familia del viejillo tiene mucho dinero, y nomás le pusieron el changarro pa’ que se entretenga y no esté fregando, yo creo.

Me tengo que fumar mi cigarrito ahí antes de ir por la chamaca, porque luego está chingue y chingue con que me hace daño. Que en la escuela le enseñaron unas fotos y que se me van a pudrir los pulmones y no sé qué… Mamadas. Hierba mala nunca muere. A mí no me mata ni el veneno en cucharada.

Pos ya… me lo terminé y fui por la escuincla. Llegué a la escuela, y salió el montón de chiquillos como enjambre. Entre la bola de gente, vi a la mía y le grité para que me ubicara.

—¡Maritza! ¡Maritza! Hey… ¡Acá, pendeja!

La escuincla llegó conmigo y se me abrazó.

—Ay, cabrona… Te digo, ‘tas más ciega que yo y que el viejo de la tienda juntos. Ahí estaba grítete y grítete… Yo creo que sí te voy a andar llevando con el oftalmologista.

Le seguimos caminando hasta la casa. Lo bueno fue que se había nublado un poquito, así que ya no nos iba a dar la ensolación. La Maritza se veía cansadona… quién sabe qué los pongan a hacer ahí adentro de la primaria, pero yo quiero que estudie, que le chingue… a la mejor sale buena para algo y en el futuro llega lejos, y no se queda aquí en el pueblo. Con suerte y hasta me voy con ella a la ciudá.

Ya andábamos llegando a la casa otra vez, cuando pasamos por la paletería de Mary. N’ombre… tenía un desmadre. Todas las paletas se habían derretido y el refri donde las tenía estaba hecho un cochinero. Yo estaba cagada de risa por dentro, pero obvio llegué poniendo una jeta de angustia.

—¡Mary! ¿Y luego? ¿Qué pasó?
—¡Ay, Carmen! ¿Pos qué crees? Algún chiquillo pendejo vino y me desconectó el refri, y no me di cuenta. Se derritieron todas las putas paletas y ahora aquí ando limpiando el desmadre. Deja nomás que me llegue a enterar quién fue el cabrón… Y ando pensando cómo le voy a decir al patrón que lo desconectaron en mis narices y yo ni por enterada me di.

Si supiera…

—Ay, Mary… no, no, no… Qué barbaridad. Pinche raza vaga, ya no hallan ni qué hacer…
—Que se piquen el culo si no tienen nada que hacer.
—Pos no es mala idea. Mary… ¿qué te digo? Tú sabes que me quedaría a ayudarte, pero tengo que darle de comer a la chamaca. Vino todo el camino chingando con que tiene hambre. Me dio hueva hacer de comer hoy, así que yo creo que la vo’a llenar con sopa de la de ayer.
—‘Ta bien… al cabo yo sé que sí jalas. Sale, Carmen, ahí nos vemos luego.

Llegué con mi escuincla a la casa y entré al cuarto a quitarme los tacones. Me vi en el espejo otra vez, y solté la carcajada que me había guardado en la calle. Viendo mi reflejo, me dije a mí misma:

—Ay, Carmen… ¿Por qué serás tan cabrona?

Imagen: jstimp en Flickr

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5 comentarios:

  1. Estoy muy orgullosa de ti, Jett. La manera en la que manejas las situaciones es muy buena. Esto es de lo más realista que he podido leer en mucho tiempo y tengo muchísimas ganas de leer el resto de la historia. Felicidades.

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    1. ¡Qué linda! ¡Muchas gracias, Zaira! Me alegra mucho que te gustara. Ojalá también disfrutes lo que viene. ¡Un abrazo! :)

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  2. ¡Hola, Jett!
    Crítica constructiva: tratar de imitar el lenguaje del "barrio" es algo de lo más difícil que un escritor puede hacer y siento que usaste expresiones que quedaron un poco forzadas (como el oftalmologista), aunque la mayoría estuvieron muy bien utilizadas.
    En general me pareció muy buena la forma en que desarrollaste la escena y creo que el personaje de Carmen estuvo muy bien logrado.
    Me gustó mucho y espero con ansias el resto de los capítulos.

    ¡Un abrazo!

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    1. ¡Hola, Alberto!
      En efecto, ese estilo es muy complicado, al menos para mí. Te agradezco tus comentarios, y me alegra que te esté gustando. Ojalá esta serie de capítulos me ayude a mejorar un poco esos detalles, porque es mi intención. :)
      ¡Un abrazo de vuelta!

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